A través de su escrito, La
telenovela o el bienestar en la incultura, Héctor Abad Faciolince nos
plantea una posición muy radical en contra de la televisión en Colombia. Habla
de lo mal estructurada que se encuentra la industria televisiva, de lo fácil
que es incursionar en ella y de lo mediocre de sus programas, principalmente de
la telenovela.
En este escrito, encontramos reflejado nuestro cansancio
mental. La inmensa mayoría de colombianos, al llegar de una larga jornada de
trabajo, probablemente con problemas y la necesidad de descansar plácidamente,
enciende el televisor con ganas de encontrar algo que le distraiga, sin fijarse
si esto le aporta algún conocimiento o simplemente lo retrae un rato. Lo que es
criticado fuertemente por los intelectuales, como lo menciona el autor, y por
estudiantes aplicados y trabajadores empedernidos que sólo encuentran en la
televisión un medio para perder el tiempo.
Personalmente, me siento a favor de Faciolince, pues nunca
he estado satisfecha con los programas de la televisión nacional. Sus contenidos
además de violentos o excesivamente sexuales, no pueden analizarse, en la
mayoría de casos, desde un contexto educativo, y no aportan a construir una
nueva sociedad en un país tan marginado como Colombia. Evidencian las situaciones
adversas del colombiano común, se burlan de ellas, muestran la desigualdad
socioeconómica y poco invierten en mostrar otra cara del país. La industria de
la televisión colombiana, se fija poco en el artista, y más en la cara bonita
para lucir y pulir aunque tenga poco talento. No se preocupa por aprender más y
mejorar el formato en que produce sus programas, y es decir, además de malos
contenidos, las producciones en su mayoría son malas en todos los aspectos.
Los intelectuales, y personas con deseos de encontrar en la
televisión un espacio de esparcimiento y aprendizaje social, cultural,
artístico e intelectual que pertenecen a países como Colombia, debemos buscar
otras alternativas fuera de la televisión nacional. La televisión por cable o
la internet han llegado a nosotros para satisfacer esta necesidad, por lo que menos nos esforzamos en cambiarla.
En países como Brasil, ya los intelectuales son partícipes de la producción de
televisión, aportando en contenidos y en formatos televisivos, lo que en
Colombia no se ha logrado. En mi opinión esto se debe también a que el público
no está educado para ver ese tipo de contenidos y estos programas con un nivel
intelectual superior no venderían y serían cancelados de inmediato. Por ello,
apoyo la idea de educar primordialmente al televidente y luego a la televisión.