Por: Elizabeth Martínez Caro.
En este escrito hablaremos de la cultura, más allá de su definición y su significación académica, como construcción humana propia de la sociedad a lo largo de la historia.
El término cultura surgió en Europa entre los siglos XVIII y XIX, pero esto no significa que como su concepto, la cultura se haya originado en esta época. Desde que existe el hombre, existe la cultura. En la antropología la cultura es la capacidad humana de clasificar y representar experiencias simbólicamente de forma imaginativa y creativa. Así como las distintas maneras en que la gente vive en diferentes partes del mundo, clasificando y representando sus experiencias. Según Nietzsche, la cultura es esencialmente adiestramiento y selección.
La cultura, que supone el conjunto de comportamientos ya realizados antes y de experiencias ya vividas, sirve como influencia en los pensamientos y conductas de las personas, de acuerdo al lugar del mundo en el que desarrollan su vida. La cultura se expande desde pequeños grupos sociales, como el entorno familiar e interviene desde ahí en las percepciones de la realidad.
A eso hacía referencia Nietzsche, pues las personas adaptan sus ideas y acciones a lo que deben hacer o no, a lo que es bueno o malo dentro de su cultura, y ello los cohíbe.
Un aspecto clave dentro de las culturas, es el del bien y el mal. Nietzsche afirmó que es bueno todo lo que acrecienta el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo; que lo malo es todo lo que proviene de la debilidad y no produce placer, y que por ende la felicidad es la sensación del aumento de poder. Pero en realidad lo que dicta lo bueno y lo malo en las culturas es la moral.
En La genealogía de la moral de Nietzsche, este busca dar respuesta a preguntas como ¿En qué condiciones inventó el hombre esos juicios de valor que son las palabras bueno y malvado? ¿Han estimulado o frenado con esto el desarrollo? ¿Son signo de indigencia y degeneración de la vida?. En esta misma obra, Nietzsche distingue dos clases de moral: La de los señores y la de los esclavos. La de los que todo lo perciben con entusiasmo y de forma fácil, y la de aquellos más pobres, miserables, regida por la humildad, la sumisión, la compasión y la paciencia, bases principales del cristianismo; respectivamente.
Actualmente, algunas culturas siguen regidas completamente por ideas moralistas, y otras se han liberado con la aparición de posturas filosóficas como el Deísmo y el Escepticismo, cambiando sus percepciones de lo bueno y lo malo, y así su manera de actuar.
En conclusión, la cultura puede transformarse junto con los pueblos, pero nunca desaparecerá a menos que desaparezcan estos o el ser humano deje de ser racional. Por ello la cultura no es un añadido al ser humano, sino que abarca la vida y la historia en su totalidad.
NIETZSCHE, Friedrich W., La genealogía de la moral, Madrid: Alianza Editorial, 1996.
