martes, 20 de marzo de 2012

LA TELENOVELA O EL BIENESTAR EN LA INCULTURA.



A través de su escrito, La telenovela o el bienestar en la incultura, Héctor Abad Faciolince nos plantea una posición muy radical en contra de la televisión en Colombia. Habla de lo mal estructurada que se encuentra la industria televisiva, de lo fácil que es incursionar en ella y de lo mediocre de sus programas, principalmente de la telenovela.

En este escrito, encontramos reflejado nuestro cansancio mental. La inmensa mayoría de colombianos, al llegar de una larga jornada de trabajo, probablemente con problemas y la necesidad de descansar plácidamente, enciende el televisor con ganas de encontrar algo que le distraiga, sin fijarse si esto le aporta algún conocimiento o simplemente lo retrae un rato. Lo que es criticado fuertemente por los intelectuales, como lo menciona el autor, y por estudiantes aplicados y trabajadores empedernidos que sólo encuentran en la televisión un medio para perder el tiempo.

Personalmente, me siento a favor de Faciolince, pues nunca he estado satisfecha con los programas de la televisión nacional. Sus contenidos además de violentos o excesivamente sexuales, no pueden analizarse, en la mayoría de casos, desde un contexto educativo, y no aportan a construir una nueva sociedad en un país tan marginado como Colombia. Evidencian las situaciones adversas del colombiano común, se burlan de ellas, muestran la desigualdad socioeconómica y poco invierten en mostrar otra cara del país. La industria de la televisión colombiana, se fija poco en el artista, y más en la cara bonita para lucir y pulir aunque tenga poco talento. No se preocupa por aprender más y mejorar el formato en que produce sus programas, y es decir, además de malos contenidos, las producciones en su mayoría son malas en todos los aspectos.

Los intelectuales, y personas con deseos de encontrar en la televisión un espacio de esparcimiento y aprendizaje social, cultural, artístico e intelectual que pertenecen a países como Colombia, debemos buscar otras alternativas fuera de la televisión nacional. La televisión por cable o la internet han llegado a nosotros para satisfacer esta necesidad,  por lo que menos nos esforzamos en cambiarla. En países como Brasil, ya los intelectuales son partícipes de la producción de televisión, aportando en contenidos y en formatos televisivos, lo que en Colombia no se ha logrado. En mi opinión esto se debe también a que el público no está educado para ver ese tipo de contenidos y estos programas con un nivel intelectual superior no venderían y serían cancelados de inmediato. Por ello, apoyo la idea de educar primordialmente al televidente y luego a la televisión. 

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